TORIO

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Uno de los elementos radiactivos de la Naturaleza (el isótopo mas estable de torio, el Th-232, tiene una vida media de mas de 14 mil millones de años, por lo que su radiactividad es débil). El metal, de color blanco plateado y brillante, es difícil de obtener y poco estable, oxidándose rápidamente y con facilidad, recubriéndose de una capa negra de ThO2 (torianita). Sus compuestos tienen diversas aplicaciones industriales marginales. La mas conocida, ya en desuso, era la fabricación de camisas de camping-gas. Con vistas al futuro, su aplicación potencial es para la producción de combustible nuclear para reactores. Si se usase el torio, junto con las reservas de uranio, se dispondría de abundante energía eléctrica durante muchas décadas.

En 1829, el mineralogista aficionado Morten Thrane Esmark recogió cristales de thorita en una pegmatita no localizada (según Berzelius se trataba de una pegmatita sienítica) de la isla de Løvøya en Langesundsfjorden (Noruega). Reconociéndolo como un posible nuevo mineral y pensando que estaría compuesto por tántalo, envió los cristales a uno de los químicos mas importantes del siglo XIX: el sueco Jacob Berzelius, quien descubrió que el mineral era el silicato de un nuevo elemento, al que llamó “thorium” en referencia al dios escandinavo Thor.  Berzelius deseaba usar ese nombre y en 1815, estudiando minerales de tierras raras de Falun, aisló un fosfato de un metal que creyó nuevo al que llamó Thorio, pero que resultó ser Ytrio. Berzelius aisló el torio fundiendo una mezcla de potasio metálico y fluoruro de torio y potasio en atmósfera inerte, un trabajo muy laborioso y puntero a mediados del siglo XIX.

Marie Curie y Gerhard Schmidt descubrieron la radiactividad del torio en 1898 independientemente, la primera en París y el segundo en Berlín. Schmidt no continuó la línea de trabajo sobre la radiactividad, que si desarrolló Curie, comenzando una revolución científica que configuró todo el siglo XX.

Pequeña lámina de torio metálico recubierta de una capa de oxidación. El metal puro se guarda en ampollas bajo atmósfera inerte para evitar que se transforme completamente en el dióxido.