A principios del siglo XIX, los químicos observaron que al preparar sales de platino a partir del metal natural, solían obtener sales de color rosado o rojo. En 1803, el químico inglés William Hyde Wollaston disolvió en agua regia una muestra de platino procedente de las minas en Sudamérica . Después de neutralizar el ácido, precipitó el platino como cloroplatinato amónico y el paladio como cianuro paladioso. Del resto de la disolución, separó un bonito polvo de color rojo intenso que resultó ser de un cloruro doble de sodio y un nuevo metal desconocido. Tras calentar el cloruro en corriente hidrógeno y lavar el residuo, pudo obtener un polvo metálico del nuevo metal, al que llamó rodio, debido al color rosa a rojo de sus sales. En 1824, Andrés del Río encontró muestras de aleación natural de oro y rodio (rhodita) en algún lugar de México del que no informó. El rodio se obtiene como subproducto de la minería de los metales del grupo del platino, a los que acompaña en pequeñas cantidades. Encontrar muestras de aleaciones naturales de rodio y platino u oro o sulfosales con rodio es extremadamente raro.

Actualmente (2018), el rodio es el metal más caro del grupo del platino, superando los 2000 dólares por onza (onza es aprox 28 gramos). La fuerte demanda del rodio para catalizadores industriales y de automoción, que supera con creces su uso en joyería, junto a su rareza, explica el alto precio del metal.

Torneaduras de rodio puro.