La ANECA, una agencia odiada por científicos y profesores, ha estado recientemente en el candelero, activando la discusión sobre lo que considero un “red herring” sobre la situación de la Universidad. Creo, a diferencia de muchos compañeros, que la ANECA es necesaria, y aquí explico por qué.

Si alguien me hubiera dicho hace unos pocos años que terminaría escribiendo en favor de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación), le habría dicho que eso es imposible. Pero aquí estoy, tras reflexionar bastante tras una reciente polémica: el rechazo de la acreditación de algunos científicos destacados, que podéis ver aquí, aquí o aquí. Estas noticias han agitado el ambiente, y muchos han clamado contra la ANECA, que ya de por sí era bastante odiada por todos. El debate ha traído a cuento, de nuevo, el gran (supuestamente, y para muchos) problema de la Universidad: la endogamia. Voy a intentar transmitiros lo que yo pienso, como profesor universitario y científico de la trinchera, es decir, como a alguien a quien le gusta dar clase, hacer ciencia, lucha por ambas cosas en la práctica diaria, con cero implicación en la gestión y la política.

La ANECA trabaja con varias acreditaciones, tanto a individuos que optan a plazas de profesorado universitario, y aquí recalco la palabra profesorado, como acreditaciones de los estudios que ofrecen instituciones. Respecto a los individuos, la acreditación depende del nivel del profesorado, que va desde profesor ayudante doctor (el nivel de entrada) hasta catedrático.

Acreditaciones para profesores de la ANECA

Yo obtuve la acreditación PEP, que habilita para los dos primeros niveles del profesorado universitario. Esta acreditación es relativamente fácil de obtener si eres un científico (recalco la palabra científico) decente y tienes algo de experiencia docente. Yo no tenía mucha experiencia docente, aunque tenía el “algo” de experiencia necesario para alcanzar la acreditación, compensada con una amplia experiencia y “producción” (como odio esa palabra) científica. Como el lector va notando, hay una dualidad docencia-investigación. Yo no soy sospechoso de haber obtenido la acreditación por ninguna clase de enchufe (aparte de los de la corriente alterna, que necesito para encender el ordenador), conocimiento de personas en altas esferas ni nada. No tengo amigos “influyentes”. Los tengo que, un día, lo serán, pero podré decir que eran amigos desde antes. Tampoco se me da bien el “networking”, esta palabreja de moda que engloba, también, a modo de eufemismo, lo que toda la vida se ha llamado medrar, hacer carrera a base de estar en el sitio adecuado, arrimarse, o directamente lamer culos. Así que podemos estar seguros de que mi acreditación es legítima. No digo que la ANECA no cometa errores, que no haya cosas oscuras o que debiera ser más flexible en algún caso. Estos son aspectos que no puedo comentar, así que voy a asumir que la ANECA ha actuado del mismo modo que actuó conmigo en todos los casos.

Dualidad docencia-investigación

El docente universitario se enfrenta al hecho de que un profesor tiene realmente dos trabajos: el docente y el científico. Ambos trabajos, si se quiere ser “excelente” (otra sobada palabra que odio) son a tiempo completo. Pero hay que hacer los dos, y tampoco me parece mal, ya que un profesor universitario debe mantenerse como mínimo al día en la Ciencia en su campo, y debe mantener en la medida de lo posible una vida científica activa. Esto es particularmente complicado en las Ciencias Experimentales, ya que el trabajo científico es especialmente arduo. Equipar y mantener laboratorios es costosísimo en tiempo y requiere dinero. Esto es un tema que comentaré más adelante. Ya puede el lector imaginar que si tener “excelencia” como científico es difícil, al compaginar con las tareas docentes, esta dificultad se incrementa. La docencia del profesor universitario se supone que está equilibrada, de modo que puedes dedicar tiempo a la actividad científica. Así es, yo lo he hecho. Pero no es fácil, en especial si tienes alguna consideración hacia tus alumnos y crees que impartir docencia es una tarea importante. ¿piensa el lector que ésto debería ser obvio?. No, no lo es. Algunos científicos, en especial científicos de “alto nivel”, consideran la docencia una carga. De hecho así se la llama normalmente: la carga docente que los científicos quieren, en muchos casos, reducir al mínimo. Para mi la docencia no es una carga, es mi trabajo y, sorpresa, me gusta. Quienes no tengan interés en la docencia, deberían buscar una posición como científicos en centros de investigación o instituciones como el CSIC. Sin embargo, este es el primer gran problema: muy pocas oportunidades para acceder a posiciones, y demasiada gente en la lista debido a la endémica contracción de los presupuestos para Ciencia. Por ello, un científico puede optar a una plaza de profesor para seguir trabajando, aunque la docencia se la traiga al pairo. A la Universidad también le viene bien: incorporar científicos de éxito implica incorporar fondos (los overheads de los proyectos) y prestigio. Y esto es prioritario respecto a la tarea docente, sobre la cual la propia institución no muestra mucho interés, como he podido ver por la falta casi total de apoyo material o inmaterial durante mi tiempo como profesor. Hay quien ha sugerido que se creen posiciones en la Universidad como científico no docente, con el objetivo de incorporar a científicos de buen nivel, es decir, científicos con capacidad de conseguir fondos, uno de los aspectos que más se valoran. Yo no estoy de acuerdo con ello, pues dada la extrema escasez de la financiación para Ciencia y Universidad, esto no haría más que agrandar la brecha entre científicos sin docencia y profesores, hasta que llegara un momento en el que quedarían como categorías separadas: profesores sólo docentes y científicos sin docencia. Creo que es importante que los científicos que estamos adscritos a una Universidad impartamos docencia y viceversa, que la docencia no sea tarea única. La solución entonces debería pasar por apoyar más a los profesores, dada su tarea doble. Este apoyo no sólo debería ser financiero, por supuesto, y le aseguro al lector que falta mucho por hacer en ambos sentidos.

Carrera docente actual en España. Lo de “ayudante” del primer paso no lo he visto nunca. El “ayudante doctor” está contratado en condiciones precarias y sueldo bajo y supone una gran ventaja para las universidades: hace el mismo trabajo que un profesor funcionario, por considerablemente menos dinero y con la espada de Damocles del paro encima, lo que garantiza que se lo va a “currar”.

En ésta dualidad docencia-investigación es donde, creo, la ANECA juega un importante papel. Obtener los primeros escalones de acreditación (los que yo tengo) es relativamente fácil si eres un científico competente y tienes algo, un poquito, de experiencia docente. Obtener las siguientes acreditaciones, sin embargo, es más dificil. Requiere tener una experiencia docente amplia, de la que normalmente carecen los científicos, en especial los “excelentes” que han trabajado en centros de investigación no docentes. Así, imaginemos el siguiente escenario, y con ésto no quiero decir que haya sido el que ha dado lugar a las noticias de la prensa; es hipotético: un científico “de nivel” vuelve a España con prestigio y un proyecto europeo (money money!) por lo que algunas Universidades están encantadas de recibirlo. Optan a una plaza de profesor titular, pero resulta que la ANECA no les concede la acreditación como titular debido a que carecen de experiencia docente. En ese momento, vienen sorpresas, caras de espanto y noticias en los periódicos. Pero, para ser profesor titular, se exige tal experiencia docente, tengas proyectos europeos o no. ¿Por qué? porque tu trabajo en la Universidad va a ser, en una parte importante, la docencia. La acreditación de la ANECA, obviamente, no garantiza que vayas a ser un buen profesor. Ni que seas un buen científico. Pero al menos garantiza que todos los profesores cumplen unos requisitos de experiencia y actividad científica y docente, del mismo modo que un carnet de conducir no garantiza que seas un gran conductor, pero al menos has tenido que demostrar que sabes hacerlo. Creo que ésto no es malo y, además, en España es particularmente importante que exista un organismo así por razones culturales y por lo que comento en el siguiente punto.

Endogamia: el red herring cuando se habla de Universidad

En inglés hablamos de red herring (arenque rojo) al referirnos a ideas o argumentos que desvían la atención de puntos importantes o que parecen importantes, cuando en realidad el núcleo de la cuestión es otro. El modismo del arenque rojo proviene de una anécdota antigua, por la cual un fugitivo escapó de la persecución de los perros dejando arenques rojos para confundirlos y que los siguieran como pista falsa. Para mi, achacar los problemas de la universidad a la endogamia es un gran arenque rojo.

Primero, ¿qué es endogamia?. Siempre me ha parecido un concepto difuso, pues cada uno de nosotros tiene una historia personal y es muy difícil generalizar. Imaginemos a una persona que se doctora en una universidad y después, tras 10, 15 o 20 años en otras instituciones nacionales y extranjeras, vuelve a esa universidad como profesor. ¿debemos considerar eso endogamia? ¿por qué? ¿será mejor profesor y científico en una universidad diferente? ¿por qué? Para mi, considerar ésto endogamia es ridículo, pues la maduración humana y científica de esta persona ha tenido lugar en otros lugares, de los que trae ideas, historial, colaboraciones y procedimientos. Es más, considero que ésta “vuelta a casa” puede ser una manera de devolver al alma mater lo que ésta hizo por tu formación. Considerar ésto endogamia es especialmente ridículo si la persona ha tenido cierto éxito y ha pasado por instituciones de prestigio. ¿acaso está de acuerdo conmigo el lector? si es así, debe saber que ésto se considera endogamia universitaria en algunas estadísticas.

Otro aspecto es el de la estabilización laboral de profesores contratados, que suele pasar, dada la idiosincrasia burocrática española, por la convocatoria pública de una plaza. Esto implica que puede competir con otros candidatos que, indignados, hablarán de cómo se ha seleccionado al candidato de “la casa”. Aquí habrá tantas historias como personas, con lo que, al final, deberíamos examinar caso a caso, ya que a veces lo mejor sobre el papel no es lo más conveniente y viceversa. Aquí podría hablar de cómo el método de selección de profesores en universidades estadounidenses es completamente distinto, hasta el punto de que sería totalmente imposible de implementar en España, dada la idiosincrasia cultural de nuestro país (por ejemplo, mi posición como Research Scientist en una universidad americana, en España se consideraría concedida “a dedo”) Precisamente, por ésta idiosincrasia es necesaria la ANECA.

La ANECA tiene una importante función, entonces: independientemente de lo “endogámico” que sea un profesor, la acreditación, externa y teóricamente independiente, garantiza una formación, un historial y una experiencia que lo capacitan (al menos sobre el papel) para la función. Y aquí también presenta una función social: uno de los más grandes placeres en la cultura española es el criticar y menospreciar a otros, asignando a la suerte o las influencias sus logros. Tu acreditación de la ANECA implica que ése menosprecio, como mucho, va a ser relativo y que te la va a traer al fresco, ya que tienes un reconocimiento de tus méritos y trabajo por una agencia independiente. Puede que otros que se presenten tengan más méritos, en cuyo caso tienen recursos legales para protestar. Puede que no los tengan. Pero seguro que el profesor seleccionado va a tener méritos suficientes para hacer su doble trabajo docente y científico. En definitiva, la ANECA puede facilitar la tarea de selección a la Universidad y contribuye a evitar problemas, protestas y polémicas, garantizando que todos los candidatos tienen suficientes méritos como para optar al trabajo. Otro tema distinto es que la ANECA deba revisar los parámetros que utiliza para las acreditaciones. Para muchos, denegar una acreditación por falta de docencia a un científico exitoso con proyectos (money money) es un error. No lo sé, tal vez lo sea. Tal vez ésto sólo sea una visión que menosprecia la tarea docente, considerándola una carga y tarea de segunda categoría. Esto requeriría una discusión bastante extensa, un conocimiento preciso de cómo acredita la ANECA y tener en cuenta las diferencias entre Ciencias Naturales, Sociales y Humanidades. Creo que no mucha gente tiene éste conocimiento. Yo sólo tengo una ligera idea, y tuve la oportunidad de que uno de los directores que tuvo la ANECA me mostrara de primera mano cómo trabajan. Aun así, no procede que opine aquí sobre ello.

El asunto es que la endogamia, a la vista de lo que se lee en medios y redes sociales, parece el problema y lastre de la Universidad. Esto es, en mi opinión, un red herring que desvía la atención de los verdaderos problemas que me ha parecido ver tras dos años en la Universidad española, en los que he podido comparar con la Universidad estadounidense (que funciona de modo diferente a muchos niveles, aunque tiene muchas similitudes también). Algunos de éstos problemas son:

  • Falta acuciante de financiación. El dinero no lo es todo, pero es una parte muy importante. Sin fondos no puede haber una Universidad de calidad. Punto. Lo que he visto es una Universidad permanentemente al borde de la inanición económica. Esta inanición lleva a situaciones que, cuando las cuentas a gente de fuera del mundillo, les parecen vergonzantes. No voy a abundar en ello, porque no es el tema ahora. Hay mucho que hacer para mejorar ésto, a muchos niveles: desde el aumento de la financiación directa por el Estado, como en la creación de las condiciones que mejoren el flujo y la comunicación con el mundo empresarial. Necesitamos fondos, en especial los que hacemos Ciencia experimental. Sin ellos, se perjudica la formación y la docencia, se disminuye la “producción” (que la ANECA, por ejemplo, nos exige) se disminuye la “competitividad” y entramos en un círculo vicioso: al no tener fondos, no tienes resultados; al no tener resultados, no te dan fondos; al no tener fondos, no hay resultados….Aquí podría hablar de cómo las universidades en otros países incorporan a sus nuevos profesores, impulsando su actividad científica. En España, los profesores se incorporan frenando su actividad científica. Incorporarse en la Universidad como profesor debería entenderse como incorporarse en una autopista: hacerlo frenando es peligroso y retrasa la marcha de otros también.
  • Falta de incentivos para incorporarse en la Universidad. Las condiciones de trabajo en la universidad en España que he encontrado son dramáticamente inferiores, en todos los aspectos y a todos los niveles, a las condiciones que ofrece cualquier College estadounidense para un puesto de faculty de nivel similar. A ello hay que añadir que hay menos oportunidades de financiación para el laboratorio, y, por tanto, una competición más dura, ya que hay demasiados comensales para pasteles escasos y pequeños. Entonces, ¿que motiva a un buen científico para regresar a España? Aparte de razones personales, que, de acuerdo, son poderosas a la hora de tomar una decisión, me cuesta pensar en alguna. Es posible que, en la búsqueda de la “excelencia”, tal vez ocurra que se tiente a científicos a los que les conceden proyectos europeos cuantiosos (money money) con mejores condiciones. De nuevo, en éste caso creamos clasismo científico y agrandamos la brecha entre éstos científicos y los profesores que luchan heroicamente para mantener una actividad científica digna. Y, lo siento por los políticos y burócratas, pero la Ciencia no es fútbol y no funciona así, a base de intentar contratar “estrellas”. No se si se habrá estudiado, pero creo que lo que denominan como endogamia (profesores que se incorporan en universidades donde se doctoraron, tras X años trabajando por ahí) podría ser, simplemente, el resultado de la falta de incentivos y el peso de las razones de índole personal (la vuelta a casa, por ejemplo) en la decisión de optar a una plaza en España.
  • Unas instituciones, tanto a nivel del Estado como la propia Universidad, a las que parece no importarle la labor científica ni la docente de sus profesores (y, por tanto, parece importarles poco la formación de los estudiantes), más allá de rankings, perspectivas de género y encuestas de satisfacción de los alumnos. Sobrecarga burocrática, falta de apoyo tanto material como inmaterial a la labor docente, puestos y entornos de trabajo físicamente precarios, falta de apoyo a la hora de buscar fondos para investigación e interminables horas de papeleo y nuevos inventos burocráticos, como por ejemplo realizar contratos menores para adquirir reactivos de 15 euros, contribuyen a la falta de incentivos, restan horas a la docencia e investigación y desgastan moralmente a los profesores. Yo, como profesor, estoy desaprovechado debido a la falta de condiciones materiales adecuadas; en ello son los estudiantes los principales perjudicados. En la sobrecarga burocrática, la ANECA también tiene contribuye con su parte negativa.
  • Desconocimiento por parte de la sociedad de cómo y en qué condiciones realiza su trabajo un científico en la Universidad, así como desconocimiento por parte del público (y, por tanto, de políticos y burócratas) de qué es y cómo se hace la Ciencia, incapacidad para distinguir entre I+D y Ciencia, o instrumentalización de ésta. Este desconocimiento lleva a la falta de apoyo social, que se traduce en falta de apoyo político, y, por tanto, falta de apoyo económico. Basta con echar un vistazo a las redes sociales para tomar el pulso de la opinión de los ciudadanos sobre la Universidad y sus profesores.

A pesar de sus aspectos positivos, la ANECA es otro velociraptor burocrático devorador de tiempo

He intentado dejar claro por qué considero que la ANECA es, no sólo conveniente, sino necesaria. Pero ésto no quiere decir que no podamos odiarla por una razón: la viscosidad burocrática. La agencia tiene mucho trabajo por delante para superar una burocracia anticuada, extremadamente viscosa e incluso absurda. No puede tolerarse que un científico tenga que restar tiempo significativo a sus funciones (ciencia y docencia) para rellenar interminables formularios con datos que pueden verse con una simple consulta en google scholar y preparar cientos de documentos que ya ha enviado previamente a diversas administraciones. Los procesos de solicitud deben simplificarse y deben eliminarse redundancias. Cuando yo obtuve mis acreditaciones, preparar la solicitud requirió la ayuda de una persona y muchas horas de trabajo sólo para rellenar una incómoda aplicación online con, como decía, datos que ya están en la red y pueden ser consultados fácilmente. Tuve que imprimir documentación que estaba en PDF, así como artículos científicos que ya no se publican en papel, llevarlo a registro y enviarlo, sólo para descubrir que en las oficinas de la ANECA vuelven a escanearlo todo y pasarlo a PDF. Hay incluso empresas y particulares que se ofrecen, con un coste en torno a los 1000 o 2000 euros, a preparar por tí las solicitudes para la ANECA. Esto da una idea de la carga que supone. No puede permitirse que diferentes instituciones (ANECA, universidad, ministerio…) obliguen a una redundante tarea de rellenado de interminables curricula, entre otras cosas y papeleos repetitivos en diferentes formatos e incluso idiomas. Creo que hay mucho trabajo por delante por parte de los burócratas si, realmente, quieren ayudarnos, y no ser un obstáculo más y un perjuicio para nuestro trabajo, que es la docencia y la investigación científica, no emplear interminables horas rellenando lo que a los burócratas de turno se les ocurra. El sistema burocrático español no se basa en el apoyo a los profesores y científicos, sino que actúa como en una confrontación. Una compañera mía lo expresó muy bien: la burocracia no está a nuestro servicio y para apoyo a nuestra tarea, sino que es como si el personal de limpieza te dijera “aquí tienes el cubo y la fregona, limpia tu, que luego voy a pasar a evaluar lo bien que lo has hecho”. En definitiva, entonces, la viscosidad burocrática hace que el profesor universitario tenga tres trabajos en uno: docencia, ciencia y burocracia. Hay muchas formas de simplificar ésta última, en beneficio de las dos primeras, pero, claro, requiere inversión de dinero y esfuerzo. Depende de ellos el hacerlo, pues nosotros, como administrados, poco podemos hacer aparte de intentar mostrar cómo es nuestro trabajo.

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