¿Es lo mismo un científico que un investigador? ¿el objetivo de la Ciencia es la “rentabilidad” o la “utilidad”, sea ésto lo que sea?

Hoy, fecha en la que escribo ésta entrada, leía esta noticia en el periódico El Mundo: “Cómo superar el ‘Valle de la Muerte’ de la ciencia en España” y la verdad es que ha sido la gota que colmó el vaso y me decidí a dedicar un rato a escribir sobre ello. La redacción de la noticia incurre en varios, a mi modo de ver, errores que se han convertido en la forma habitual de ver el asunto, tanto por gran parte del público, como por los burócratas y gestores de la Ciencia y la I+D; estos dos son, como intentaré explicar, conceptos diferentes que se retroalimentan, pero están bien diferenciados histórica y filosóficamente. Dado que la víctima de ésta confusión es el público y, como consecuencia de ello, los científicos, voy a intentar ser lo más claro y sencillo; no pretendo hacer un artículo académico sobre Filosofía de la Ciencia (campo complejísimo y que requiere un estudio y meditación largo), solo ayudar(me) a reflexionar sobre el tema, un poco en plan cuñado y un poco en plan “soy un científico y ésto es lo que pienso sobre mi propia actividad”. Recomiendo mucho, para quien quiera profundizar más, ésta entrada de éste magnífico blog. Centrémonos en el primer párrafo del artículo:

Cualquier investigador en España está perfectamente entrenado para hacer descubrimientos que nadie había observado antes en todo el mundo. Pero muy pocos sabrían qué hacer con sus conclusiones científicas si les pedimos que ganen dinero con ellas. Entre los resultados científicos publicados en las mejores revistas y el mercado hay un vacío tan profundo, una travesía por el desierto

El primer pensamiento que viene a mi cabeza es: -Un momento, yo no soy un “investigador”, soy un “científico” y me importa un pimiento si mis conclusiones científicas permiten ganar dinero a alguien, porque ése no es mi puñetero trabajo.

En los últimos años hay una tendencia, incluso entre los propios científicos, a denominarse “investigadores”. Hay, incluso, cierto pudor para utilizar la palabra Ciencia o científico. Como el lector se habrá dado cuenta, no son lo mismo. ¿que es un investigador? -Alguien que investiga, responderá. Y ¿quien investiga? no sólo los científicos. Usted investiga cuando quiere comprar una nueva tablet y busca referencias sobre modelos. O investiga cuando va a comprar una nueva casa. Un abogado investiga para preparar sus casos. La policía investiga. Investigación es una actividad, pero no llamamos a los abogados investigadores, por mucho que investiguen. Podría responder usted:- bueno, pero es un “investigador científico”, es decir, alguien que investiga la Ciencia. Aquí estamos, de nuevo, ante un error conceptual. La Ciencia no se investiga, se investigan problemas concretos. La investigación científica es un arte en el sentido clásico del término, o mejor una artesanía, la que utiliza unas metodologías que constituyen los métodos científicos, de los cuales no sólo hay uno, como me contaban a mí en tiempos del instituto cuando me hablaban sobre el “método científico”, sino que hay muchos; sobre ésto me quedo con la idea de Edward O. Wilson:

El método científico es hacer lo máximo que uno pueda sin limitación alguna […] No importa de qué manera haga uno un descubrimiento, sólo importa que su afirmación sea cierta y validada de forma convincente.

Ya accedemos fácilmente a una observación: Un investigador científico no tiene por qué ser un científico. O, dicho de otra forma, investigar científicamente un problema no te convierte en un científico, del mismo modo que un artesano no tiene por qué ser un artista o investigar los pigmentos de las pinturas no te convierte en pintor. Aquí nos encontramos ante un gran problema filosófico: la naturaleza de las metodologías científicas y su relación con el acceso al conocimiento. Quien quiera entender ésto mejor tendrá que leer a Karl Popper, Feyerabend, Edward O. Wilson (por citar algunos autores que me han influído) y, en general, cualquier texto relacionado con la filosofía de la ciencia.

En realidad ésta frase no es una cita literal de Popper, sino una simplificación de un párrafo en sus “Conjeturas y Refutaciones” que dice así:
“la ignorancia no es una mera falta de conocimiento, sino que se interpreta como la obra de algún poder malévolo, fuente de influencias impuras y perniciosas que pervierten o envenenan nuestras mentes e instilan en nosotros el hábito de la resistencia al conocimiento.”
Va en el mismo sentido, pero hay un matiz importante que lo diferencia.

Entonces, la Ciencia, cuya definición es otro complejo problema histórico y filosófico, podría referirse (y aquí estoy citando a Carl Sagan, elaborando un poco su idea) a la suma de un cuerpo de conocimientos acerca de la naturaleza de la realidad y un modo, vía o tipo de pensamiento y razonamiento que nos permite acceder a ese conocimiento, superando las limitaciones y trampas de la propia mente. Esta manera de definir las cosas ya nos permite vislumbrar que la Ciencia en sí es algo más grande y global que la investigación científica. Digamos que, comparado con un pintor (en el sentido de artista), la Ciencia es el Arte, que puede centrarse en una rama, como la pintura, y la investigación científica sería el conjunto de métodos y técnicas para el correcto manejo y aplicación de los pigmentos y materiales propios del arte. En éste sentido, un pintor de construcciones y obras (profesión noble y respetable que ejercía mi padre y sobre la que investigaba, con notable mentalidad científica, en busca de mejores soluciones para hacer barnizados duraderos o imitación de madera sobre metal) puede ser un experto en el correcto manejo y aplicación de los pigmentos y materiales, que usa para dar un servicio y obtener un beneficio, pero todos percibimos intuitivamente que hay una diferencia de concepto con el Arte. Y ésta relación entre arte, artesanía, técnica, ciencia e investigación científica es interesante y podríamos pensar más en ella, pero necesitaría la ayuda de algún artista.

Dicho ésto, es fácil comprender que, como científico, me siento identificado por las palabras de Karl Popper:

Me interesan la ciencia y la filosofía exclusivamente porque quisiera saber algo del enigma del mundo en que vivimos y del otro enigma del conocimiento humano de este mundo. Y creo que sólo un renacer del interés por estos secretos puede salvar las ciencias de una especialización estrecha y de una fe obscurantista en la destreza singular del especialista y su autoridad y conocimiento personales: fe que se amolda perfectamente a nuestra época postracionalista y postcrítica, orgullosamente dedicada a destruir la tradición del pensamiento racional mismo.

La negrita es mia. Quería remarcar ésa frase y ese “exclusivamente”, mientras pienso “vaya con ese exclusivamente”. Así que ya estamos en condiciones de afirmar que el objetivo y razón de ser de la Ciencia es la generación de conocimiento, el esclarecimiento de los mecanismos de lo real y la comprensión de la Naturaleza. No es la rentabilización en forma de bienes y servicios. Cuidado, no digo que ésto no deba hacerse o que el científico deba obviarlo. Si surje, hay que potenciarlo, llevarlo a cabo. Pero no es el objetivo primario, que debe ser en todo caso conocer, comprender y educar.

Ciencia y utilidad: Walter White, ejemplo de rentabilización de la Ciencia.

Conocer, comprender y educar debe ser el objetivo también de la Ciencia financiada públicamente. Del mismo modo que financiamos la Sanidad para curar a gente y no les preguntamos primero “Señor, antes de operarle de cáncer de colon, ¿nos puede explicar usted que va a hacer con su vida? ¿tiene usted trabajo, paga impuestos, va a dar trabajo a alguien? es que si no podemos rentabilizar su operación, no le operamos”. O si la policía o los bomberos van a salvarte, no pregunta primero “¿tiene usted trabajo? ¿es rentable salvarle a usted?”. Cuando una institución pública financia un proyecto artístico, una obra de teatro o una película, ¿pregunta a sus autores cómo van a rentabilizar la inversión, cuántas personas van a ver su obra, cuanto van a cobrar por las entradas, etc?. Cuando enseñamos a los alumnos, no supeditamos su enseñanza a cómo responden a la pregunta “¿cómo va usted a retornar al Estado la inversión en su educación?” ni prohibimos que se vayan a cotizar al extranjero después de formarlos, es mas, potenciamos que se vayan. Pues a los científicos, el Estado nos pregunta, antes de financiar un proyecto, cómo se va a rentabilizar o si va a dar lugar a un “retorno económico”. Se intentan potenciar los proyectos científicos en base a su “utilidad” para la resolución de problemas prácticos o su potencial aplicación en empresas, productos o bienes vendibles. Bien es cierto que hay una tímida diferenciación y una pequeña parte del presupuesto se intenta destinar a proyectos enfocados en la obtención de conocimiento (como los proyectos Explora), pero, aun así, se mantienen las preguntas que un científico honesto no puede responder: Como se va rentabilizar, cuando, que se va a encontrar, cuantos artículos va a publicar, cuántas patentes va a generar… Claramente los burócratas asignados a la gestión de proyectos no saben ni entienden la Ciencia. Citando a E.O. Wilson sobre el verdadero científico:

Durante la celebración del sexagesimo aniversario de Max Planck, en 1918, Einstein dijo que en el templo de la ciencia hay tres tipos de personas. Muchas se dedican a la ciencia en razón del goce de su poder intelectual superior; para ellos, la investigación es una especie de deporte que satisface su ambición personal. Una segunda clase de investigadores se dedica a la ciencia para conseguir fines exclusivamente utilitarios. Pero, en lo que respecta a la tercera: si el ángel del Señor viniera y sacara del templo a todas las personas que pertenecen a esas dos categorías, quedarían unas pocas personas, entre ellas Planck, y ésta es la razón por la que lo queremos.

Y continúa Wilson:

El científico ideal piensa como un poeta y trabaja como un contable

Alguien podrá pensar que todo ésto es una visión idealizada. Pero no es así: es lo que es la Ciencia y lo que la diferencia de la I+D. Veamos por ejemplo la opinión de un ilustre científico español:

Visión de Comas Solá de la verdadera “utilidad” de la ciencia.

¿De dónde viene, entonces, la confusión y mezcla actual del concepto de I+D y el de Ciencia?

Los propios científicos cometen un error en sus reivindicaciones de más apoyo económico, contribuyendo a la confusión, señalando que la Ciencia es esencial para obtener riqueza y utilizando frases cuestionables como “los países no investigan porque son ricos, son ricos porque investigan”. La primera prueba de que ésto es un error es que no funciona: llevamos años explicando que para tener tecnología hay que tener ciencia y no hay mejoras ni en la inversión ni en el apoyo social. Al contrario, sólo contribuyen a afianzar el criterio utilitarista de que la Ciencia sólo merece la pena si conduce a beneficios. Creo que ha llegado el momento de reivindicar una idea de Ciencia como la que expresaba Comas Solá y lograr el apoyo social, no reforzando el utilitarismo, sino tratando al público como individuos con un espíritu, con una mente que se cuestiona y ofreciéndoles una visión del mundo del que forman parte, subrayando la importancia cultural y educativa de la Ciencia, no convirtiéndola en un engranaje del sistema económico y productivo.

Primero tenemos que tener clara la diferencia. I+D es todo el conjunto de actividades encaminadas a la obtención de desarrollos tecnológicos o nuevos bienes y servicios, cuya aplicación resulte en beneficios económicos y sociales. Naturalmente ésto es necesario y los científicos llevan desarrollando e investigando aplicaciones o soluciones a problemas prácticos desde mucho ántes de que existiera la Ciencia como tal. Si, durante mi actividad científica, identifico una aplicación que pueda, en forma de patente, creación de una empresa (spin off) o algún modo de transferencia, ser desarrollada y aplicada, éso debería ser apoyado y facilitado. El problema es que se nos quiere convertir a los científicos en directores de I+D, en busca de nuevos productos para “la empresa”. Y eso no debería ser así, en ningún caso, en un sistema público o en Ciencia financiada públicamente. Hay que diferenciar claramente lo que es Ciencia y lo que es I+D y no descuidar la primera en favor de la segunda.

Las consecuencias sociales a la larga de tal confusión son muy graves, ya que el mayor retorno a la sociedad de la Ciencia es la educación (pensamiento crítico, conocimientos…) y la propia civilización. Veo los efectos dia a dia con mis alumnos: Cuando yo empecé a estudiar, sentía pasión por la Química y quería conocer, entender. Sufría (y sufro) ante mi propio desconocimiento. Veía minerales, plantas, células, estrellas, y quería saber: qué contiene, por qué, cómo se formaron, cual es su evolución, cómo surgió la vida…todo. Actualmente todavía no he identificado ningún alumno con tales ideas. Todos quieren aplicar: curar el cáncer, entrar en la policía científica (es increíble la cantidad de estudiantes, seguramente influidos por la televisión, que quieren hacer eso), encontrar nuevos tratamientos farmacológicos, desarrollar cosas. Ven la Ciencia como un modo de obtener algo relacionado con el beneficio social. Esto está muy conectado con la filosofía utilitarista, que comentaremos más abajo. Se ha perdido la diferenciación entre ingeniero y científico y se considera que los científicos deben asumir tareas que, realmente, no les corresponden de modo primario. Hay una diferencia entre que quieran hacerlo (los investigadores del tipo 2 que decía antes Einstein) y que el sistema nos obligue a enfocarlo así, amenazandonos con la muerte científica por inanición.

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En mi opinión, creo que todo viene desde la enunciación del concepto tecnociencia por Bruno Latour (filósofo cuyas ideas expresadas en “La Vida en el Laboratorio” y “Nunca fuimos modernos” me parecen muy interesantes, aunque no las comparto en general, me parece que no entendió nada realmente del trabajo científico y de quien hay que recordar que dijo que nadie podía haber muerto de tuberculosis antes de que Koch descubriera el bacilo de la tuberculosis…) en 1983. Para Latour, hacer Ciencia no corresponde únicamente a los científicos, sino a un complejo ecosistema que incluye burócratas, abogados, políticos, etc., y que una vez elaborado el conocimiento por parte de los científicos, éste se difunde a la sociedad en forma de su aplicación a cuestiones prácticas, produciéndose tecnología. El problema y consecuencia de las ideas de Latour es que la tecnociencia depreda la Ciencia y se produce una confusión de conceptos en la que terminan mezclados Ciencia, tecnología y Ciencia aplicada. Esta mezcla de conceptos entra en una sociedad basada en los valores del utilitarismo de Bentham e invadida por las ideas delirantes del postmodernismo y su relativismo flipante. Según los utilitaristas, toda acción es relevante si es beneficiosa, en el sentido de producir el mayor placer o felicidad posible al mayor número de individuos. El utilitarismo es una elaboración moderna del hedonismo de la escuela cirenaica de Aristipo. En el moderno utilitarismo, el concepto de placer implica la satisfacción de las necesidades y la felicidad del mayor número de componentes de la sociedad (sea la felicidad el comprarse un ipad o ver la tele, lo que sea). Para el utilitarismo, sobre todo el utilitarismo de la acción de Bentham, solo es útil la acción que incrementa la felicidad de los individuos (sea lo que sea lo que produce esa felicidad) o que produce un beneficio en éste sentido. Aunque las filosofías hedonistas de Aristipo y de Epicuro (que estaría un poco más cerca del utilitarismo de John Stuart Mill cuando dice que busca la felicidad no sólo por la satisfacción de los deseos, sino por su limitación, en cierto modo buscando la ataraxia de los epicureistas) fueron ya muy criticadas en la antigüedad. Por ejemplo, Cicerón afirma, en referencia al epicureísmo dominante en la sociedad romana, similar al utilitarismo actual:

es propio del Hombre la diligente investigación de la verdad, el deseo de ver, oír y aprender, y el conocimiento de los secretos y maravillas de la Naturaleza y que es honesto dedicarse a ello,aunque no agrade a la multitud y no por eso deja de ser digno de honor y que aunque nadie lo alabe, es digno de alabanza por naturaleza.

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También lo preguntaban los romanos

Así pues, el resultado es que la actividad científica bajo la perspectiva utilitarista queda supeditada a la utilidad, es decir, la obtención de un beneficio o la satisfacción de necesidades de la sociedad. En una sociedad en la que se asocia la felicidad y la satisfacción con la obtención de bienes, tecnología y dinero, es fácil entender que el utilitarismo ha perdido su contenido, quedando simplificado a “toda acción tiene que producir un beneficio material o económico o satisfacer alguna necesidad básica” y, como consecuencia, podemos entender por qué se supedita y se valora la Ciencia en cuanto a las satisfacciones que va a producir en forma de beneficio, o bien material o bien en forma de solución de necesidades básicas. Dicho de modo sencillo: “y eso para que me sirve”. He oído esta pregunta muchas veces a lo largo de charlas y conferencias sobre Ciencia. Esta idea generalizada, expresada en primer párrafo del artículo de El Mundo, es absorbida también por un sistema que valora cada vez más la respuesta a “y eso para qué sirve”, que nunca ha sido una motivación para la Ciencia.

Sumarizando, el artículo de El Mundo mezcla una serie de conceptos y habla de un “valle de la muerte” (la primera vez que lo oigo) totalmente inventado y basado en una dualidad que no existe: la dualidad entre la actividad del científico y los desarrollos derivados de la Ciencia, aplicados a la formación de nuevas empresas, bienes o servicios. No es un problema para nada que un científico no sepa cómo rentabilizar económicamente sus ideas científicas o que nunca se traduzcan en patentes, empresas o bienes. No es su trabajo ni es el objetivo de la Ciencia. Es una falacia que sea la producción de aplicaciones o la “transferencia” en forma de patentes o a empresas lo que acerca la Ciencia a la Sociedad. Aparte de que así se ve unidireccionalmente: No sólo es la Ciencia la que debe dar pasos hacia la Sociedad, sino la Sociedad la que debe acercarse a la Ciencia y exigir, primero, que les proporcione conocimientos, educación y una guía de pensamiento, además de soluciones a problemas prácticos. Usted podría decir: -Es que tenemos problemas acuciantes y necesitamos que nuestros científicos trabajen en ellos. Esto muestra desconocimiento sobre cómo funciona la Ciencia, ya que las soluciones a problemas acuciantes pueden surgir en cualquier sitio y momento, incluso en temas aparentemente no relacionados. O pueden haber surgido y estar en artículos antiguos, esperando que alguien les dé una vuelta, interprete y aplique. Los científicos no necesitan que se les diga en qué deben trabajar. Debe dárseles espacios de libertad y dejarles trabajar, simplemente. Debemos rechazar el utilitarismo de Bentham y abrazar el utilismo de Spinoza para la Ciencia, recordando que todo es útil.

Ejemplo de un desarrollo tecnológico, enmarcado en la Ciencia fundamental y que encontró aplicaciones y desarrollos posteriores. Raman (en la foto) desarrolló su espectrometro para probar las predicciones teóricas del físico Smekal. Difícilmente podría imaginar, en ese momento, que ¡un siglo después! la espectrometría Raman se convertiría en una herramienta de gran utilidad, con empresas y empleados viviendo de ella.

Chandrasekhara Raman, en la foto anterior, que recibió el premio Nobel en 1930 por sus investigaciones, dijo:

Solo esos científicos que han trabajado, no con el objetivo de producir ésto o lo otro, sino con el único deseo de promover el conocimiento, son, en última instancia, los mayores benefactores de la Humanidad.

Esta independencia del científico, destinado únicamente a promover el conocimiento, le llevó a afirmar, en 1970:

Creo firmemente que la ciencia fundamental no puede ser impulsada por presiones educativas, industriales y gubernamentales o militares. Esta fue la razón por la que decidí, en la medida de lo posible, no aceptar dinero del gobierno

Él, que podía permitirselo…

Sí es un problema que, cuando un científico trabaja en una idea o desarrollo rentabilizable (ya sea porque la aplicación surge a raíz de una investigación o porque estaba trabajando en un problema práctico), no se le ayude a ello teniendo en cuenta, precisamente, que no es su trabajo y, por tanto, no está entrenado para ello. Creo que es prioritario que los poderes públicos realicen un esfuerzo de apoyo tanto a estos casos como a la “pequeña Ciencia”, ciencia hecha desde centros públicos por científicos y profesores dedicados a, no retos tecnológicos, sino retos de conocimiento, y orientada básicamente a conocer y comprender el Universo. Entender que la Ciencia también es Cultura y Educación, no (sólo) beneficios y potenciar que el mayor beneficio de ésta y su único retorno exigible es la propia generación de conocimiento. Se debería diferenciar clara y definitivamente entre Ciencia e I+D a la hora de definir políticas de financiación, y asegurarse de que todos se lleven el apoyo que requieren. Deberíamos recordar, simplemente, que los Curie comenzaron una revolución en el siglo XX estudiando algo tan humilde como es la radiactividad de los minerales, algo que muchos despreciaron en su momento, ya que se preguntaron… “y eso para qué sirve”.

No todo el mundo llega leyendo hasta aquí, gracias por ello

Algunas referencias para quien quiera saber más

Edward O. Wilson. Consiliencia. La Unidad del Conocimiento

Javier Evheverría. La revolución tecnocientífica

Karl R. Popper. La lógica de la investigación científica.

Paul K. Feyerabend. ¿por qué no Platón?

Cicerón. Sobre los deberes

Bruno Latour y Steve Woolgar. La vida en el laboratorio. La construcción social de los hechos científicos.

Ruy Perez Tamayo. ¿Existe el método científico?

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