Si decimos que actualmente la gente no lee es algo que a nadie sorprende. Por ejemplo, en éste blog, el tiempo medio de permanencia de un “lector” es de ¡11 segundos!. Teniendo en cuenta los temas y contenidos de mis entradas, en 11 segundos da tiempo a poco más que un vistazo rápido. ¿cuanto tiempo se detiene, en promedio, un consumidor en cada producto del supermercado?. Probablemente mucho menos. ¿cuantas personas leen las etiquetas cuidadosamente? probablemente pocas. ¿cuantas entienden las etiquetas? probablemente muchas menos. Los fabricantes de productos alimentarios, cosméticos y otros productos de gran consumo lo saben. Y lo aprovechan, en muchos casos, situándose en una peligrosa  zona legal pero inmoral, en la que, a sabiendas, están (posiblemente) dañando la salud de los consumidores menos precavidos.

Vamos a ver algunos ejemplos, centrados en el azúcar común (sacarosa o disacárido fructosa-glucosa). A nadie sorprende tampoco que digamos que el exceso de consumo de azúcar es un problema de salud pública: aumenta el riesgo de obesidad, diabetes, afecciones dentales y enfermedades cardiovasculares.  Aunque es un tema complejo, los problemas para la salud derivados del exceso de azúcar en la dieta están bien establecidos y muchos médicos y científicos creen que el azúcar añadido simplemente debería ser evitado a toda costa. Según diversas fuentes, el consumo diario máximo de azúcares totales debería estar entre 30 y 50 gramos.  Totales. Es decir, los naturales (contenidos sobre todo en frutas, aunque también en otros alimentos) mas los azúcares añadidos en los productos del súper.

Dicho ésto, empecemos por un clásico: la Coca-Cola normal. Este es el azúcar que contiene una lata de cocacola:

Cantidad de azúcar en una lata de coca-cola (según la propia información de la lata) junto a una moneda de 1 euro para comparar.

Si tenéis dudas, os diré que ésta cantidad equivale a unos 8 azucarillos de café. Cualquier madre se espeluznaría con la idea de meterle a su hijo dos o tres cucharadas soperas de azúcar en la boca. Pero sin embargo, ¿cuantas personas se preocupan si su hijo se toma una lata de Coca Cola?. En mi experiencia, pocas, en especial tras haber vivido en los USA.

Seguramente a muchas chicas preocupadas por los hidratos de carbono se les pase por alto estos enorme montones que contienen las latas de refrescos. Pero no os estoy revelando ningún secreto: en la lata lo dice claramente. Basta con que toméis una balanza, un bote de azúcar y hagáis la prueba. Pero, honestamente…¿cuantas personas se han parado a leer ésa información? y si la leen,..¿el concepto 12 gramos de azúcar por 100 ml realmente tiene significado para la mayoría de la gente?. Con eso juegan los fabricantes: casi nadie se va a poner a pensar en qué significa en la práctica que en la lata haya 0.12 g/ml de azúcar, pero no te están engañando. Realmente, no engañan a nadie: la Coca-Cola es lo que es. Y beber una lata de Coca-Cola nos proporciona casi 40 gramos de azúcar. Pero, y ésta es la razón por la que escribo ésta entrada, esto que vi ayer sí me parece que es un intento de engañar sin engañar realmente, muy típico del marketing:

¿Cereales para el desayuno? cereales para terminar diabético.

Estos cereales “para el desayuno” se pueden encontrar en algunos supermercados. Veamos la estrategia comercial:

1– Están en la zona de productos “bio”, “saludables”, dietéticos, celiacos, etc, por tanto…no pueden ser malos, ¿no?

2– El etiquetado tiene un gran “TRIGO MIEL” y un dibujo de una abeja en un panal. Mas natural, imposible.

3– No están fabricados por una corporación horrible y capitalista como Kellog’s, sino por Galénica Laboratorios SL. He intentado acceder a su web, pero el dominio no existe, por lo que no sé si la empresa sigue existiendo. Entiendo que sí, ya que el producto es reciente. Es un fabricante de productos dietéticos, de ahí que esté en la zona de productos “bio”.

Es decir, todo tiene los ingredientes para que alguien compre el producto pensando que es apropiado para dietas, saludable y no como los demonizados cereales clásicos, que quizá sean, después de los burgers, la cocacola y la carne roja, los productos mas amados-odiados por el público. Ahora veamos la verdad:

1– Leyendo la etiqueta nos damos cuenta de que los cereales tienen un 0.2% de miel, es decir, en un paquete de 250 gramos hay 500 miligramos de miel. Simplemente, han añadido unas gotas de miel por cada paquete sólo para poder poner en la etiqueta la palabra “miel” y un dibujo de una abeja. El resto es jarabe de glucosa y azúcar normal. Y no poca:

Sacarosa, el azúcar de toda la vida. Está formada por una molécula de glucosa y otra de fructosa unidas. La glucosa nos mantiene vivos, pero si nos pasamos, no es buena.

2– Contiene 45.2 gramos de azúcar por cada 100 gramos. Es decir, el paquete contiene nada más y nada menos que 113 gramos de azúcar, casi cuatro veces más que la coca-cola. No sólo son los cereales con mayor contenido en azúcar del súper (razón por la que no deberían estar en la zona de productos bio o dietéticos), sino que se aprovechan de una creencia errónea: que la miel es más saludable que el azúcar blanco. Esto es falso. La miel es un 82% de azúcar y el resto de agua, con mínimas cantidades (nutricionalmente poco relevantes) de otros compuestos (vitaminas, etc.). Si lo que queremos es reducir el azúcar en la dieta, la miel no es un sustituto y debe evitarse tanto como el azúcar blanco. La miel tiene un alto contenido en fructosa, por lo que tal vez los diabéticos perciban alguna diferencia en su reacción al azúcar respecto al azúcar blanco normal. Lo mismo puede decirse del “azúcar moreno”, que ni nutricionalmente, ni desde el punto de vista de salud tiene diferencia alguna con el azúcar blanco. No es más que una estrategia comercial para vender azúcar más caro. Lo mismo puede decirse de la panela, que no es mas que azúcar sin refinar y posee todos los inconvenientes del azúcar blanco. De nuevo, una gran estrategia comercial: se vende el azúcar sin refinar mas caro que el refinado y ahorrando en el proceso.

3– Por añadidura, contiene aceite de palma. Con ello se completa el cuadro de éstos cereales, que, eso sí, se venden al precio de granos de trigo recogido uno a uno a mano por Elfas en la Tierra Media y regados con miel artesana de la Alcarria.

Por tanto recomiendo evitar los productos de éste fabricante, dada su dudosa calidad y su estrategia comercial basada en tratar de confundir al consumidor, tomándolo por idiota. Y lo hacen bien: cuelan como saludable un producto que ni lo es, ni dicen que lo sea, y además lo venden mas caro que los cereales de trigo de las marcas habituales.

Recomiendo también, por favor, leed las etiquetas de los productos. Leed el contenido en azúcares. No os dejéis engañar por denominaciones, dibujos o letras grandes, id a la letra pequeña. Recordad que, en la lista de ingredientes, los componentes se ordenan de mayor cantidad a menor cantidad (aunque muchos fabricantes no dan las proporciones, por motivos comerciales).  Veamos dos ejemplos:

Etiqueta nutricional de la Nutella:

Observad el valor por 100 gramos, es decir la concentración. La Nutella tiene un 56.7% de azúcar (56.7 gramos de azúcar por cada 100 gramos). Ahora veamos su composición:

El azúcar es el componente mayoritario (por eso va el primero), seguido del aceite de palma. Los componentes se ordenan en orden decreciente de concentración. Es fácil, viendo los datos de la etiqueta nutricional y de la composición, con los porcentajes que nos dan, deducir que la Nutella es básicamente una pasta de azúcar y grasa de palma. Que lleve un 13% de avellanas y un 7% de leche no la hace saludable.

Ahora volved a la imagen de nuestro protagonista:

Observad que en la lista de ingredientes está primero el trigo. El truco está en dividir el aporte de azúcar en dos componentes por separado: glucosa y sacarosa. La suma de los dos es mayor que el contenido en trigo, pero, por separado, ya van después en la lista, por lo que vemos primero el trigo como ingrediente, a diferencia de la etiqueta de la Nutella, donde no hay forma humana de poner las avellanas primero en la lista. Desde luego los que diseñaron éstos cereales han sido hábiles.

Afortunadamente, la ley nos protege y los fabricantes están obligados a poner en la etiqueta toda la información, como en éste caso: no engañan, pero se aprovechan del comportamiento habitual de la gente, creencias establecidas y estrategias comerciales varias. Y aprended a entender las cantidades. La cantidad es la clave. La cantidad determina cuando un producto químico es malo o no. Aprended a entender las concentraciones (profesores de ciencias de secundaria, por favor, enseñad a los chavales a manejar cantidades y concentraciones. Es mas importante que formular) y podréis evitar a charlatanes y listillos como éstos, al tiempo que cuidáis un poquito la salud.

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