Noticia Nº21: La nevada de 2009

Noticia Nº21: La nevada de 2009

Seguro que la gente que vive en Madrid y alrededores recuerda la nevada de 2009…

En esta zona, desde hace muchos años, no estamos ya acostumbrados a las nevadas invernales. Recuerdo que cuando era pequeño, solían caer fuertes nevadas en diciembre o enero, que duraban varios días. Recuerdo que las huellas de los jabalíes quedaban en la nieve por la noche, ya que bajaban desde el bosque cercano justo por delante de mi casa. Ahora ya no existe aquel bosque, destruído por la fiebre urbanística. Ni los jabalíes. Ni la nieve. Ahora (quizá por estas cosas del cambio climático) la nieve solo hace tímidas visitas fuera de las zonas de montaña.

Quizá aquella nevada de 2009, justo al final de las vacaciones de Navidad, fué la última gran nevada que cayó en Madrid y proximidades. Fue intensa y provocó un colapso total en una ciudad en la que incluso una lluvia un poco fuerte provoca caos circulatorios. La nieve bloqueó carreteras y viales, el aeropuerto, calles y miles de personas no podían ir a sus trabajos ni desplazarse y provocó una tormenta política en Madrid por la falta de previsión y preparación para afrontar la nevada. Desde entonces, ante la más mínima amenaza de nieve o bajas temperaturas, se produce un despliegue de quitanieves y máquinas de esparcir sal que serían la envidia de Nueva York…

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Yo volvia a casa cuando la nevada, durante la noche, iba tomando fuerza. En los últimos tramos el coche ya patinaba y apenas podía desplazarse (como es natural por estas latitudes…no llevaba cadenas) y al final tuve que dejar el coche como pude en una calle a unos 250 metros de mi casa. Por la noche, en silencio y con una gruesa capa de nieve sin pisar, que hacía resplandecer todo… fué un hermoso paseo. Llamé a casa y salieron mi madre y mis hermanas y jugamos en la nieve como niños. Al dia siguiente, el aeropuerto estaba cerrado y la oposición pedía que rodaran cabezas por los fallos en la predicción y la incapacidad para despejar carreteras. Pero yo tuve la suerte de disfrutar de una preciosa nevada donde vivo, que aunque tiene muchas desventajas, tiene la ventaja de que hay árboles y silencio solo roto cada mañana por el canto de mil pajarillos. Mis sobrinos pequeños andaban por la nieve con una mezcla de fascinación y confusión, en su primera experiencia con ella.

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 Aquel fué el final de las últimas buenas vacaciones de navidad. Todo parecía ir bien, pero luego la lucha contra el cáncer, seguida por la lucha contra la crisis y contra el influjo de las malas personas. Fueron las últimas navidades de mi madre y con la familia. Todo cambió tras aquella nevada. De alguna manera, desde entonces, llego a diciembre y enero con la esperanza de recuperar un poquito de aquel espíritu. Quizá atrapado aún en 2009, y deseando que enero empieze con una gran nevada que me deje absorto con su belleza y que limpie la suciedad y la desmotivación y traiga un poco de ilusión. O deseando, como en el dia de la marmota, que el despertador suene y sea enero de 2009. Pero nada. De nuevo, enero concluye sin un copo de nieve. Y sin el regalo de la ilusión.

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