En los últimos posts de este blog he dado rienda suelta a algo que no me gusta. Demasiada indignación y negatividad. Pero lo cierto es que al fin y al cabo, aunque vengan mal dadas, uno se crea su propia suerte.

Hoy empieza mi ultimo viaje de trabajo en esta etapa: un recorrido por la Faja Pirítica Ibérica, en la que he trabajado bastante en algunos aspectos.
Comienzo mi recorrido, que espero ir desgranando en diversos posts, según ande de tiempo, en la preciosa y pequeña ciudad de Almonaster la Real, donde hemos terminado descansando tras una visita a Peña del Hierro, en cuya proximidad se encuentra el origen del rio Tinto, y a la que dedicaremos un proximo post.

Este es el castillete de la mina Peña del Hierro. A muy poca distancia se encuentra la corta.

Almonaster es una bella población situada entre peñas y verdes parajes. Un paseo por sus evocadoras callejuelas, en especial durante la noche, cuando se encuentran iluminadas de modo que resalta su carácter, es vivificante. Igualmente, durante la noche, cuando todo esta en silencio, merece la pena visitar la mezquita, en lo más alto del pueblo. No se si todas las noches permanece abierta, pero esta noche que he ido hasta ella si lo estaba.

La mezquita de Almonaster (en la foto) fue construída sobre los restos de una basílica o monasterio de origen visigodo (el nombre de Almonaster significa “el monasterio”), en los siglos IX o X. Sencilla y arcaica y, quizá por ello, sugerente y acogedora. La mezquita contiene elementos visigóticos, árabes y cristianos

Vista del interior de la mezquita con sus arcadas, visto desde el  perpendiculares a la quibla o pared que indica la dirección en la que se lleva a cabo la oración. Al fondo una de las entradas, construida tras la reconquista cristiana. La entrada cambió la orientación del interior, que pasa a ser paralela a las arcadas.

 Vista de la nave central desde el Mihrab. Al fondo, la sala de las abluciones o sahn. La disparidad en las columnas que dividen las naves del Haram, sala central, es una muestra de la reutilización de los materiales anteriores, visigóticos y romanos, para la construcción de la mezquita.

Esta es mi parte favorita: la sala de abluciones con la fuente moruna. El suave sonido del agua cayendo de la fuente en medio del silencio de la sala durante la noche fria, la luz externa, misteriosa y agradable y la iluminación interior bien planteada hace que uno se siente en calma, en actitud meditativa. Siempre me han gustado estos conceptos de fuentes creadas no para ser observadas, sino para ser escuchadas y sosegar el espíritu.

Momento de retirarse…

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