En torno a 1740, el óptico britanico Benjamin Martin ideó un microscopio compuesto portátil que, poco tiempo después mejoró, inventando el “microscopio de tambor”.
Este diseño de microscopio, pensado para trabajos de campo, aplicaciones portatiles, enseñanza y como juguete, alcanzó su máxima difusión hacia mediados del siglo XIX con el diseño de Noel Lerebours, de París, óptico y pionero de la fotografía. Los microscopios de tambor de Lerebours fueron populares, cayendo en desuso a partir de 1850 y sobre todo con el advenimiento de Leitz.

Microscopio de tambor de Lerebours. Fabricado en latón en torno a 1840-1850 (epoca de la que proceden la mayoria de estos ejemplares), con iluminación por medio de un espejo, con objetivo intercambiable. Este es el modelo básico. Modelos mas completos vienen equipados con objetivos adicionales, ocular adicional e incluso sistemas de luz reflejada, que lo convierten en un instrumento pequeño, portatil y versatil.

Objetivo del microscopio. Como es obvio, estamos en un periodo anterior a las normalizaciones alemanas. Este objetivo es el de menor aumento (aprox. 4x) y su apertura numérica es baja. Sin embargo, la calidad no es mala y el aparato permite una visión bastante clara a pesar de su edad. Este microscopio es sin duda el representativo de la primera mitad del siglo XIX.
Veamos algunas imagenes obtenidas con él, con bastante dificultad, ya que adaptar una cámara se torna complicado dadas las medidas no normalizadas, asi que limitandonos a un digiscoping muy simple e improvisado:

A fin de comparar con el post anterior sobre Leitz, este es el mismo frotis de sangre leucemica, observado con el Lerebours. Como se ve el aumento y la resolución son pobres, asi como la entrada de luz, debida a la baja apertura numerica y la falta de condensador. Aun asi, son distinguibles los globulos blancos (teñidos de azul).

Imagen de pelos de gato

Exactamente la misma muestra, tomada con un microscopio moderno utilizando su objetivo menos potente (un Motic BA300).
Dadas las caracteristicas del microscopio, lo pruebo con un material de prueba que uso habitualmente: pequeños diamantes sinteticos bien cristalizados.

Diamantes con luz transmitida. Esta se regula simplemente orientando el espejo adecuadamente, de modo que los rayos vayan paralelos al eje optico u oblicuos. En este segundo caso se adquiere cierta sensacion tridimensional:

O incluso se puede usar luz reflejada:

Estas imagenes dejan patente la calidad de la optica que montaba Lerebours. Las fotos son dificiles de hacer y en vivo la vision es mejor.
Comparemos con microscopios modernos:

Los mismos diamantes observados con Motic BA300 en luz transmitida y el objetivo pequeño de 4x.

Los diamantes en una foto “casual” obtenida con un Zeiss Discovery, sin usar el deslizador para fotomicrografia ni ajustar la luz o el fondo. Ademas, ninguna foto lleva retoques.
Este pequeño microscopio de tambor es el abuelo de nuestra pequeña familia de microscopios…y como pasa con los abuelos, inducen un cariño y simpatía especial. Tener un microscopio funcional tan antiguo produce una sensacion extraña, acerca de cuantas personas habrán acercado un ojo a su ocular…y ahora, en pleno siglo XXI, sigue funcionando y saliendo al campo.

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